El césped de al lado ¿siempre es más verde?

03-11-2026

El césped de al lado ¿siempre es más verde?
Foto: Gato montés (Peter Trimming_CC BY-SA 2.0)

 

Tenemos cierta tendencia a difuminar la mirada, a viajar a tierras lejanas, a saborear comidas exóticas y a admirar la naturaleza de la otra punta del mundo. Pero ¿y nuestro entorno? ¿Conocemos lo que tenemos a mano, a la puerta de casa?

Entre los programas de televisión que han destacado en la pasada temporada, Natura Bizia acaparó todas las pantallas, los titulares y una buena cantidad de premios que han venido después. El programa nos acercó lo que habitualmente vemos en imágenes grabadas en parajes lejanos, mostrándonos escenarios cercanos y recabando, además, excelentes datos de audiencia.

El espectáculo, así como la crudeza de la naturaleza, no sólo tiene lugar en las selvas tropicales, en los océanos lejanos o en los grandes parques nacionales del mundo. La mayoría de estos platós situados en bosques, marismas o pastizales cercanos se sitúan en en Urdaibai, un gran espacio protegido legalmente desde hace 40 años y uno de los espacios naturales más ricos de nuestro entorno.

Permitidme que en las siguientes líneas mueva el foco de la Reserva de la Biosfera de Bizkaia y saltemos al Geoparque de la Costa Vasca. ¿Qué veríamos si pusiéramos aquí las cámaras ocultas? ¿Quienes son los protagonistas de nuestros bosques, arroyos o acantilados? Os adelanto ya que no veremos grandes félidos o árboles de decenas de metros de altura, ni herbívoros de espectacular cornamenta. Pero la manera en la que el gato montés, los escarabajos o los corzos que se mueven entre robles o hayas se adaptan a este hábitat no nos dejará indiferentes.

Cuando estrenamos este blog dedicamos un espacio al gran bosque del Geoparque, concretamente a Arno, y tuvimos la oportunidad de presentar a algunos de sus habitantes. En esta ocasión nos daremos la oportunidad de conocer otros rincones de este territorio, desde el mar a la montaña, para no dejar a nadie insatisfecho.


Desde la costa...

Quizá una de las fotografías más atractivas de Geoparkea sea la de la gigantesca plataforma rocosa que deja al descubierto la marea baja. En los charcos y recovecos de ese reino de algas multicolores habitan invertebrados de todo tipo — esponjas, anélidos, moluscos, crustáceos, equinodermos... —; y el afán defensivo que muestra el cangrejo moruno, la elegancia del movimiento del pulpo, o el camuflaje del cabracho, os dejarán con la boca abierta. Las aves también son buenas conocedoras de la plataforma intermareal, y criaturas como los cormoranes moñudos, las garcetas comunes, los límícolas como el vuelvepiedras o las gaviotas patiamarillas encuentran en ella una despensa inagotable.


 
Foto: Vuelvepiedras común (Jack Cook_CC BY 2.0)
 

Ahora bien, la rasa no es la única zona que el vaivén de las mareas cubren o dejan expuestas. En los estuarios creados por los ríos Deba y Urola se extienden las marismas que, en reconocimiento a la enorme productividad (producción de biomasa en un tiempo y zona determinados) de estos ecosistemas, se han designado como espacios protegidos.

En estos puntos de confluencia de aguas fluviales y marinas, las corrientes se ralentizan, los nutrientes se acumulan, y la fotosíntesis de las algas y plantas ribereñas se multiplica. Es por eso que una gran variedad de peces e invertebrados acuden a desovar al estuario. También lo hacen las aves propias de los humedales, y aquellas que atraviesan el mundo en las grandes migraciones anuales y que vienen a reposar y alimentarse en estas llanuras fangosas. Por destacar algunas especies, señalar que las espátulas o las águilas pescadoras son relativamente comunes en los estuarios del Geoparque de la Costa Vasca.

Fuera del espacio marino, desafiando al oleaje y al salitre, los acantilados no se libran de la influencia del océano. Y es que el viento, las salpicaduras de las olas y la sal secan la zona y además provocan una gran erosión. En estas condiciones, sólo sobreviven allí unas pocas plantas crasas, de tejidos engrosado en los que almacenan agua.

Foto: Frutos de la planta crasa conocida como hinojo marino.

Debido a la inestabilidad del acantilado, apenas hay aves nidificantes; pero existen algunos lugares en los que los halcones peregrinos, los aviones roqueros o los colirrojos tizones encuentran cobijo para criar a sus polluelos.

Más al interior, en prados y laderas, crecen helechales, brezales y algunos arbustos. Las tarabillas europeas, los lagartos verdinegros, los tejones o los zorros se esconden de las miradas amenazadoras entre madroños, aladiernos y encinas.


... a las cumbres

Cojamos impulso y demos ahora un salto de varios cientos de metros hacia arriba, eso nos permitirá darnos cuenta de que en las montañas de Geoparkea la visión cambia radicalmente. En estas cumbres predomina la roca caliza, lo que condiciona las formas del paisaje, las características del suelo y, por supuesto, a sus habitantes.

Así, en Izarraitz - zona protegida repleta de dolinas, lapiazes y simas- , destacan, entre otros muchos hábitats, los hayedos, los pastos de montaña o los bosques mixtos de la base de los cantiles calizos.

En estos montes abundan las plantaciones forestales, pero también extensos enclaves de campiña. Algunos de ellos se abren en bellas hondonadas como la de Porruetako sakona y la de Sagarretako sakona, en laderas calizas orientadas hacia el sur. Este es el reino de aves de campo abierto como el alcaudón dorsirrojo, la culebrera europea, el abejero europeo o los paseriformes ligados a campiñas y setos.

Asimismo, el bosque de caducifolios está bien representado en Izarraitz; en los lugares más frescos y húmedos se han mantenido los hayedos y robledales y, a mayor altura, como en la vaguada de Arrateko sakona, los espinares y los bosques mixtos de acantilados calizos. Estos últimos son muy escasos y tienen una flora de gran interés, con especies como la gayuba, el tejo, el avellano o el acebo. Además, los árboles desmochados y los arboles viejos ofrecen protección a muchos pequeños organismos.
 

Foto: Bosque mixto en Arrateko sakona.

Casi invisibles, en la frondosidad del bosque, se refugian el gato montés, la jineta, el turón europeo o la garduña. Y en las profundidades ténebres de las cuevas nos recibirán criaturas como los murciélagos grandes de herradura o los murciélagos ratoneros pardos, ambos en grave peligro de conservación.

Y los corredores de conexión

Para terminar, una referencia y reflexión sobre corredores ecológicos, tan necesarios como la propia protección de espacios naturales. Los expertos señalan que la principal causa de la pérdida de biodiversidad en los países industrializados es la fragmentación de los hábitats y de las poblaciones de organismos. En este sentido, la integración territorial y la conectividad entre espacios naturales protegidos juegan un papel crucial en la conservación del patrimonio natural y deben ser objeto de la debida atención.

Entre estas veredas naturales designadas, discurren por el Geoparque las que unen los espacios naturales protegidos de Pagoeta e Izarraitz, Izarraitz y Arno, y Arno y Urdaibai. Sin embargo, no hay que olvidar que otros corredores, como la sierra y los encinares de Andutz-Txobillar, que conecta la costa con Izarraitz, el paso de Sanbartolomebaso-Artadi, que llega desde Pagoeta o Hernio, y, por supuesto, la red fluvial en la que destacan los ríos Deba y Urola, permiten conectar zonas de gran importancia.
 

Foto: Desde Izarraitz, el corredor llega atravesando el monte Saltsamendi.
 

Así pues, cualquiera que sea el camino, corredor o calzada escogida para llegar hasta el Geoparque, o para deambular por el interior de sus espacios naturales: ralentiza tu marcha, agudiza los oídos y abre bien los ojos: en cualquier rincón, a la vuelta de cualquier esquina, puede haber una sorpresa. ¡Disfrútala!

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Gonzalo Torre Oleaga
 

Etiquetas: Ciencia