01-06-2026
Naciones Unidas (ONU) nombra anualmente el 17 de junio Día Internacional contra la Desertificación y la Sequía. Esta institución ha reconocido recientemente que la Tierra ha entrado en quiebra hídrica. Hablar de sequía y desertificación tras el lluvioso invierno que hemos ptenido en Euskal Herria y en los países vecinos parece una exageración, pero, de cara al futuro, son dos fenómenos a tener muy en cuenta, por si acaso.
Según la ONU, el fenómeno de la desertificación es uno de los principales retos ambientales de nuestro tiempo y, por ello, matiza la correcta comprensión del término: la desertificación no es una mera extensión de los desiertos, sino que se produce por acción del ser humano cuando, a través de sus actividades, el suelo pierde su protección natural. Al desaparecer este amparo, la superficie queda a merced de la lluvia y el viento, que arrastran la capa más fértil, dejando estériles esas tierras.
La desertificación afecta a la biodiversidad, el equilibrio de los ecosistemas, la pobreza, la estabilidad socioeconómica y el desarrollo sostenible; provocará numerosos conflictos en las próximas décadas, y se espera que movilice a millones de personas.
En el mundo, el África subsahariana, los países de oriente próximo, el norte de Australia, o el oeste de Estados Unidos son, cada vez a mayor ritmo, zonas con alta probabilidad de sufrir la desertificación. Europa no está fuera de peligro y la península Ibérica tiene tasas de desertificación muy preocupantes.
Este año, el Día Internacional contra la Desertificación y la Sequía ha puesto el ojo en los pastos o pastizales. Estos se encuentran entre los ecosistemas más extensos del mundo y ocupan más de la mitad de la superficie terrestre que no es agua del planeta. Son así el sostén de miles de millones de personas; y son el repositorio de sus culturas, de sus modos de vida y de sus saberes ancestrales.
Los pastos de nuestro entorno son provocados por el ser humano y, a diferencia de otros ecosistemas forestales, la creencia de que son de escasa riqueza es la más extendida. En contra de esto, mirado con profunda atención, en un pasto de cien metros cuadrados donde pastan ovejas puede haber 50 especies diferentes de plantas, como se ha medido en algunas comarcas de Navarra. A esta diversidad hay que unir una cadena trófica muy rica: insectos, aves, reptiles o mamíferos. En las áreas protegidas del Geoparque se pueden ver pastos muy variados; algunos aprovechados para dalimentar al ganado, otros no explotados, de montaña, expuestos al salitre marino...
De todas formas, aquí, como en todo el mundo, los pastos están a punto de perderse. El cambio climático, la sequía, la desertificación, la pérdida de viejos hábitos de cultivo de la tierra o la sobreexplotación, han puesto a los pastos en una situación muy extrema. Sólo en este momento se ha cepuesto el foco en ellos, esperemos que no sea demasiado tarde.
Las últimas informaciones sobre el estado del agua potable disponible en el mundo tampoco son muy esperanzadoras. Según Naciones Unidas, la crisis de este recurso ha superado todos los límites y ya no hay vuelta atrás: el agua potable está en quiebra o crack y reconoce, más que nunca, la necesidad de gestionarla adecuadamente.
¿Por qué hablamos de fracaso? La situación de crack se da cuando una persona, empresa o entidad está imposibilitada para saldar sus deudas. Puede que tenga la forma de hacer frente a los gastos del día a día, pero no tiene la manera de sacudirse de encima la carga económica acumulada y la deuda será, probablemente, luego mayor.

Pues bien, respecto el agua se puede imaginar un panorama similar: hay más consumo de agua de la que la naturaleza puede renovar, los acuíferos se exprimen hasta secarse, los glaciares y las grandes masas de hielo están perdiendo agua... y por si fuera poco, el agua que queda está muchas veces contaminada, y como la evaporación por el cambio climático es mayor, el agua huye a la atmósfera y queda embargada en las nubes. En consecuencia, falta agua de calidad, y según su ciclo conocido, no se produce agua nueva en el sistema. El problema es dónde y cómo está ese agua.
En realidad, Euskal Herria no está en quiebra hídrica, pero la evolución de este recurso vital en términos de datos da motivos para preocuparse. En las últimas décadas los pluviómetros han acumulado menos agua, lo que tiene un reflejo directo en los ríos, que han sufrido un descenso en su caudal. Además, debido al cambio climático, la distribución de la lluvia también está cambiando, en el espacio y en el tiempo, y después de largos días sin caer casi nada, allí se puede recoger una cantidad enorme de lluvia a muy corto plazo, con fecuencia en algunas pocas horas. Y, aparentemente, eso seguirá así según muestran las evidencias científicas.
Un ejemplo de lo anterior es que el embalse de Uribarri-Ganboa se encontraba por debajo de la mitad de su capacidad en diciembre de 2025 (42%), pero en mayo de 2026 en un 88,7%. Este último porcentaje se sitúa por debajo del dato del año anterior (90,4% en la misma semana de 2025), pero por encima de la media de los últimos 10 años (84,7%).

Como en otras ocasiones, en este punto al que hemos llegado sólo nos corresponde cambiar de discurso. Y es que ya no seremos capaces de revocar la situación y nos tocará adaptarnos al nuevo panorama. Y, de entrada, entre las medidas que corregirían el balance hidrológico, podemos empezar por reponer las cuencas fluviales. ¿Cómo? Pues bien, poniendo en marcha proyectos experimentales como los que algunos autores denominan 'bosques de agua para abastecimiento' para suministrar agua en zonas de prioridad hidrológica, por ejemplo.
Los resultados no serán inmediatos, ya que la visualización de los efectos hidrológicos de las actividades realizadas en las zonas arbóreas requiere de un tiempo, es decir, de años de observación. Y es que la cantidad y calidad del agua depende, en el espacio y en el tiempo, de varios factores forestales: las especies cultivadas, la edad de los árboles, la densidad del bosque, el tipo de suelo y roca, la pendiente u orientación del monte y, por supuesto, el modelo de gestión del bosque. Todos ellos influyen en los resultados hidrológicos de los bosques y plantaciones en las masas de agua.
Para terminar, un argumento para la reflexión. Para abordar y abordar adecuadamente el problema, pueden existir razonamientos éticos, pues ¿es lícito gastar agua inútilmente cuando el mundo está sediento?
La respuesta la tiene cada quien.
Etiquetas: Ciencia